Cáncer de Próstata
La prevención es el acto de valentía más importante del hombre

Como especialista en Urología, paso gran parte de mi día conversando con hombres sobre un tema que a menudo evitan por miedo o incomodidad: el cáncer de próstata. Sin embargo, mi misión hoy es quitarle el estigma a este diagnóstico.

El cáncer de próstata es uno de los diagnósticos más comunes entre los hombres a nivel mundial. Aunque la palabra “cáncer” siempre genera temor, la buena noticia es que, detectado a tiempo, tiene una de las tasas de supervivencia más altas. Sin embargo, el mayor desafío sigue siendo el mismo: vencer el tabú y acudir a revisión.

La próstata es una glándula del tamaño de una nuez, exclusiva de los hombres, que produce parte del líquido seminal.

Se ubica debajo de la vejiga y rodea la uretra. Con la edad, las células de esta glándula pueden mutar y crecer de forma descontrolada, formando tumores malignos.

Aunque cualquier hombre puede desarrollarlo, existen factores que aumentan la probabilidad, como la edad y los antecedentes familiares. Es poco común en menores de 40 años, pero el riesgo aumenta significativamente después de los 50. Es importante que sepas que tener un padre o hermano con la enfermedad duplica el riesgo.

Lo que hace que este cáncer sea particularmente peligroso es su “silencio”. En sus etapas iniciales, no suele presentar síntomas. Por eso, no esperes a sentirte mal para visitarme; la prevención es nuestra mejor herramienta.

Cuando la enfermedad ya está avanzada, pueden aparecer señales que no debes de tomarlas como un evento aislado, o como algo que “probablemente ya no vuelva a suceder”:

•Dificultad para comenzar a orinar o flujo débil.
•Necesidad frecuente de orinar, especialmente por la noche.
•Presencia de sangre en la orina o en el semen.
•Dolor persistente en la espalda, cadera o pelvis.

Muchos pacientes llegan a mi consulta nerviosos por las pruebas. Déjame explicarte de forma sencilla cómo evaluamos tu salud:

El Antígeno Prostático Específico es un análisis de sangre sencillo. Medimos una proteína producida por la próstata. Un nivel elevado no siempre significa cáncer (puede ser una infección o inflamación), pero es nuestra primera “alarma”.



El tacto rectal es el paso que más incomoda, pero dura apenas unos segundos. Es la forma más directa de sentir si hay bultos o irregularidades que el análisis de sangre no detecta.

Si detectamos algo, la medicina moderna nos ofrece un abanico de opciones adaptadas a cada caso.

Hoy en día, no todos los pacientes con cáncer de próstata deben terminar en el quirófano.

Cuando existe un riesgo muy bajo optamos por la vigilancia activa. Monitoreamos al paciente de cerca para actuar solo si el tumor muestra señales de evolucionar. Esto protege la función sexual y urinaria del paciente por años.

En cambio, cuando existe un riesgo intermedio o alto, intervienen las terapias definitivas como la prostatectomía radical (cirugía para retirar la glándula) o la radioterapia.

Desde nuestra especialidad, somos muy conscientes de los efectos secundarios. La próstata está rodeada de nervios microscópicos que controlan las erecciones y el esfínter urinario.

Para evitar la disfunción eréctil, utilizamos técnicas de “preservación de nervios” siempre que el tumor lo permita. La incontinencia urinaria es un riesgo post-quirúrgico que trabajamos mediante rehabilitación del suelo pélvico o, en casos necesarios, dispositivos correctores.

El cáncer de próstata no tiene por qué ser una sentencia de muerte. Se recomienda que todo hombre comience sus revisiones anuales a partir de los 50 años (o a los 45 si tiene antecedentes familiares).

Este tipo de cáncer es altamente tratable cuando se diagnostica en etapas tempranas. La diferencia entre un tratamiento sencillo y una complicación grave suele ser, simplemente, un chequeo médico a tiempo.

Cuidar de tu salud no es un signo de debilidad, sino de responsabilidad contigo mismo y con tu familia. ¡Te espero en el consultorio!