¿Es una indigestión o algo más?
El ABC de la colecistitis aguda
Es muy común recibir pacientes en urgencias que pensaban que tenían un simple “empacho” o una mala digestión tras una cena pesada, cuando en realidad su cuerpo les estaba enviando una señal de alerta mucho más seria. Hoy quiero explicarles qué sucede cuando la vesícula decide decir “basta”.
Para entenderla, primero debemos ubicar a la protagonista: la vesícula biliar. Es un pequeño saco debajo del hígado que almacena bilis, la cual nos ayuda a digerir las grasas.
La colecistitis aguda es la inflamación repentina de este órgano. En el 90% de los casos, esto ocurre porque un cálculo biliar (una “piedrita”) se queda atorado en el conducto de salida, bloqueando el flujo de bilis. Imaginen una manguera obstruida; la presión aumenta, la pared se inflama y, si no intervenimos, puede haber una infección.
A diferencia de un dolor de estómago común, el dolor de la colecistitis tiene características muy específicas que busco durante el interrogatorio médico:
Un dolor intenso en el lado superior derecho del abdomen (debajo de las costillas), es frecuente que el dolor se desplace hacia el hombro derecho o la espalda.
No es un dolor que va y viene en minutos; suele durar varias horas y es constante. Además, trae consigo síntomas acompañantes como náuseas, vómitos y, en ocasiones, fiebre o escalofríos.
Si notas que tu piel o la parte blanca de tus ojos se ponen amarillas, es una señal de que la obstrucción es severa y debes acudir a urgencias de inmediato.
En la mayoría de los casos, la solución definitiva es retirar la vesícula. Hoy en día, esto se hace mayoritariamente por laparoscopia, lo que significa incisiones pequeñas y una recuperación mucho más rápida.
Si sueles tener pesadez después de comer alimentos grasos, no lo ignores. Una detección a tiempo evita que una inflamación común se convierta en una complicación grave como una perforación o peritonitis.
¿Has sentido alguna vez un dolor persistente debajo de las costillas después de una comida abundante?
Escucha a tu cuerpo; él sabe cuándo algo no va bien.