- Dra. Marina Isabel Paunero Quezada
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Psiquitría y Psicoterapia
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Dra. Marina Paunero @dra.marinapaunero
El regreso a clases o el inicio de una nueva etapa escolar siempre trae consigo una mezcla muy particular de emociones: curiosidad, nostalgia por los días libres y, cómo no, una buena dosis de nervios. Sentir un mariposeo en el estómago ante lo desconocido es completamente normal, ya seas estudiante, padre de familia o docente. Cada etapa que empieza es un lienzo en blanco, y aunque cambiar de rutina cuesta, también representa una oportunidad maravillosa para reinventarse y crecer.
Para transitar este camino con tranquilidad, el primer paso consiste en validar todo lo que sientes sin juzgarte. No te exijas estar al cien por ciento entusiasmado desde el primer minuto; es natural experimentar incertidumbre ante nuevos profesores, compañeros o asignaturas de mayor dificultad. Expresar esas inquietudes suele restar peso a las preocupaciones y nos recuerda que no estamos solos en el proceso.
Adaptar el cuerpo de forma gradual resulta fundamental. Pasar del descanso vacacional a la exigencia escolar de un día para otro puede ser agotador, por lo que ajustar progresivamente los horarios de sueño y de las comidas unos días antes evita el impacto del primer madrugón.
Este cambio de ritmo se complementa muy bien con la preparación del entorno físico. El simple acto de organizar el escritorio, alistar la mochila o estrenar un cuaderno genera un valioso efecto psicológico de nuevo comienzo, aportando claridad y serenidad.
Durante las primeras semanas, la clave está en enfocar la energía únicamente en aquello que sí puedes controlar. Aunque no es posible predecir todo lo que ocurrirá en el año, sí puedes decidir tu actitud, cuidar tus hábitos diarios y proponerte pequeñas metas semanales.
Asimismo, es vital recordar que el compromiso académico no debe significar el fin de la diversión; conservar momentos para los pasatiempos, el deporte y el descanso garantiza un equilibrio saludable que evita el agotamiento a mitad del camino.
En definitiva, no se trata de tener todo resuelto desde la primera jornada, sino de dar un paso a la vez con paciencia y confianza en tu propia capacidad de adaptación. Date la oportunidad de disfrutar el viaje, aprender de los tropiezos y recibir este nuevo ciclo escolar como una emocionante aventura por descubrir.