- Dr. Orlando Palma
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Especialista en Hematología
Ced. Prof. 8571924 UACAM
Ced. Esp 12164954 UNAM
CMA
Consultorio 301
Edificio principal, tercer piso
(999) 395 2143
Dr. Orlando Palma Hematólogo
@hematologomerida
Hay síntomas que normalizamos sin darnos cuenta. Vivimos pensando que los moretones aparecen “porque nos pegamos sin sentir”, que el sangrado de encías ocurre “por cepillarnos fuerte” o que las menstruaciones incapacitantes “son cosa de familia”. Pero en medicina, las coincidencias casi nunca son coincidencias, y los patrones repetitivos siempre merecen una mirada más profunda. Cuando el cuerpo sangra más de lo esperado, no está exagerando: está pidiendo ayuda.
Uno de los ejemplos más claros es el sangrado uterino anormal. La FIGO (Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia, por sus siglas en inglés) define sangrado anormal cuando dura más de 8 días, es tan abundante que obliga a cambiar toallas o tampones cada hora, aparece con ciclos demasiado cortos o demasiado largos, incluye coágulos grandes o afecta la vida diaria. No es “regla fuerte”, no es “tengo mala suerte”, no es “siempre he sido así”: es un signo clínico reconocido internacionalmente. Y aunque muchas personas piensan que es un problema exclusivamente ginecológico, hasta el 20% de los casos tienen relación directa con enfermedades de la sangre.
Lo mismo ocurre con los moretones. No es normal tenerlos sin golpes, ni ver cómo aparecen con facilidad en piernas y brazos, ni tardar demasiado en detener una hemorragia después de una extracción dental o un pequeño corte en la cocina. A veces la causa es tan simple como un nivel bajo de hierro o vitamina B12, pero en otras ocasiones se trata de enfermedades que requieren atención especializada, como enfermedad de von Willebrand, hemofilia leve, enfermedades plaquetarias hereditarias o problemas adquiridos donde la coagulación se vuelve menos eficiente aun cuando las plaquetas y los tiempos de coagulación se reportan “normales”.
Ese punto es importante: tener estudios normales no necesariamente descarta una enfermedad del sangrado. Muchas de las alteraciones más frecuentes en consulta —sobre todo en mujeres— no dejan huella en los análisis básicos. Por eso tantas personas pasan años con síntomas que afectan su vida diaria sin obtener respuestas claras. Y por eso mismo, el especialista indicado para estudiar estos casos no es el ginecólogo, ni el internista, ni el médico general: es el hematólogo.
También está el caso de los sangrados nasales repetitivos, de las encías que sangran a diario, de las personas que sangran demasiado al afeitarse o que presentan equimosis grandes después de ejercicio.
En niños, los moretones en zonas blandas como abdomen o espalda, o sangrados que no concuerdan con la magnitud del golpe, siempre deben evaluarse. Y en adultos, especialmente en mujeres con menstruaciones intensas que ya normalizaron, vale la pena recordar que muchas enfermedades hematológicas debutan precisamente así: con pequeños avisos que se repiten hasta que alguien los escucha.
La buena noticia es que la mayoría de estos trastornos tienen tratamiento. A veces basta un suplemento, un reemplazo de factor o un manejo específico previo a cirugías. En otros casos, el diagnóstico temprano evita complicaciones que sí podrían ser graves si se dejan avanzar. Lo más importante es no quedarse con la idea de que “así soy yo”. Nadie nace para vivir cansado por anemia crónica, para sangrar más de lo necesario o para sentir miedo cada vez que ve un moretón nuevo. La medicina moderna tiene respuestas; solo hay que buscarlas en el lugar correcto.
Si te reconoces en alguno de estos síntomas —menstruaciones muy abundantes, moretones inesperados, sangrado fácil, sangrado que tarda en detenerse, infecciones dentales o procedimientos menores con hemorragias exageradas— te corresponde verlo con un hematólogo. No porque siempre sea algo grave, sino porque es el especialista capaz de aclararlo y tratarlo. La sangre no tiene misterio para el que la estudia todos los días.
Tu cuerpo no sangra de más por capricho.
Si está hablándote, escúchalo.
Y si necesitas orientación, aquí estoy: para evaluar, explicar, descartar y, cuando es necesario, tratar.